Anoche asistí a la función del
Tristan und Isolde de Wagner, en el Gran Tatre del Liceu.
Tristan (Peter Seiffert): fantástico

. Muy buena presencia escénica y buena voz. Llegó bastante entero al tercer acto, que es un monólogo de una hora, que no es moco de pavo. El mejor de la noche con diferencia.
Rey Marke (Kwangchul Youn). Parece mentira que un hombre tan bajito tenga ese chorro de voz

. Actuó muy bien, y estuvo fantástico en su lamento, quitando algunas notas largas, en las que se le vio algo justo, pero en general, chapó

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Isolde (Deborah Voigt). Me esperaba bastante más. Dicen que su voz ya no es lo que era. Ha adelgazado una barbaridad, parece otra persona

. Me resultó mejor cantante que actriz, pero aún así, vocalmente la encontré muy justa. Un tanto histriónica en el primer acto (vale que Isolda está resentida por el deseo de venganza, pero se pasó un poco

). El segundo acto estuvo mejor, con una buena química con Seiffert, pero llegó con muy poca voz al Liebestod, que fue de lo más descafeinado de la noce

. Está uno más de cuatro horas esperando este momento, para que luego te lo canten como un villancico

. Señora mía se está usted muriendo de amor, es algo mucho más que físico, es una transfiguración mística (al texto del libreto me remito). No, no me gustó. No le llega a Wlatraud Meier no a la suela del zapato, al menos anoche.
Kurwenal (Bo Skovhus). El año pasado no me acabó de convencer su Beckmesser de los Maestros Cantores, pero ayer me cautivó su Kurwenal. Sonó apasionado, fiel y devoto a su señor, como debe ser. Actuó bien, algo impetuoso, pero no le iba mal a su papel.
Melot (Norbert Ernst): me dejó algo frío, al igual que su papel en los Maestros del año pasado

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Brangäne (Michaela Schuster): la otra maravilla de la noche. Deliciosa en escena, expresiva, preciosa su voz. Empequeñeció a Isolda, que ya es decir, dado el peso de sus respectivos papeles

. Los avisos a los amantes del segundo acto, de libro, sí señor. Así se canta Brangäne

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Pastor, marinero y timonel: bien todos, dada la modestia de sus papeles.
Orquesta: mal, muy mal. Esto es Wagner señores, no Rossini. Si hay una ópera en que la orquesta es el núcleo de todo, el germen del canto, ese es el Tristan und Isolde. No se puede atacar el primer tutti del Preludio con tan pocos watios, porque el papel de los cantantes, se empequeñece después (momento justo anterior a la extinción de la antorcha y el liebestod suenan así, doblemente descafeinados). Al pobre
Sebastian Wiegle, no se le puede pedir más. Bastante saca de esta orquesta de segunda que tenemos en El Liceu

. No puede ser que un gran teatro de ópera, tenga una orquesta tan mediocre (y eso que dicen que esta temporada suena mejor que otras

). Supongo que de donde no hay, no se puede sacar.
Escenografía y montaje: la única pega que le pondría serían los colores excesivamente chillones. Daba aspecto de un cómic, más que de un cuento medieval. Yo considero el Tristan una obra bastante "oscura", con lo cual, esos colores en los vestuarios y decorados no pegan demasiado con la tragedia que se nos presenta. Aparte de eso, padece uno por los cantantes, que se enfrentan a unas rampas bastante empinadas, pero que dan una formidable sensación de perspectiva. Muy bien el barco del primer acto, el bosque y el castillo del segundo, y los acantilados del tercero. Fantástica la iluminación, que se centraba en los cantantes en cada momento. Me pareció muy original como, al comienzo de cada acto, se iluminada por detrás del telón, de manera que este quedaba totalmente transparente, justo antes de alzarse

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También me gustó que al final del Liebestod, Tristan se levantase, y cruzando sus manos desde atrás con ella, al estilo Titanic, alce sus brazos con Isolda. En la muerte, los amantes se reencuentran

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En conclusión, tratándose del drama musical más inmenso que existe, se quedó todo en agua de borrajas. No deja uno de echar de menos a las grandes voces del pasado, cuando ve estas funciones tan faltas de emoción. Muchos cantantes de hoy en día, olvidan que a Wagner hay que cantarlo melódicamente, y no gritarlo, pues si bien es la melodía llevada al último extremo, cromáticamente hablando, es melodía al fin al cabo, la melodía infinita que, como nadie hasta entonces, Wagner consiguió alcanzar en este amor hecho música

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Saludos

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