por Radio-Gremar » 03-11-09 21:46
A propósito de Tristán e Isolda.
Barenboim 1995. Meier-Jerusalem
Algunas cosas (muy pocas) están pero que muy bien y éste Tristan es una de ellas.
Puesta en escena minimalista, cada decorado tiene un motivo y el final excelente
con esos grises y ese Tristán de "piedra".
Extraido de Diverdi, comentario de González Barrio
Posiblemente fue una suerte que Patrice Chéreau rehusara dirigir el nuevo Tristán e Isolda que debía estrenarse en el Festival de Bayreuth de 1993, sucediendo a la celebrada producción de Jean-Pierre Ponnelle (1981-87, disponible en DVD del sello Deutsche Grammophon). Chéreau calificó a Tristán de “radionovela” (Wagner denominó a su drama musical acción en tres actos) imposible de escenificar, y así el encargo recayó en Heiner Müller, reputado escritor, dramaturgo y régisseur de la ya ex-Alemania del Este, censurado en su país desde 1961 y cuya fama había traspasado el telón de acero. Müller sí entendió Tristán, que el drama (o la acción, que para Wagner son lo mismo) está en la música y el texto y no necesariamente en las acciones de los personajes. En colaboración con el austriaco Erich Wonder (decorados) y el japonés afincado en París Yohji Yamamoto (vestuario), ideó una escena minimalista, muy bella, una pura abstracción de gran carga simbólica, dominada por motivos geométricos y un magistral empleo de la luz y el color, algo que habría hecho las delicias de Wieland Wagner, con espacios reducidos, movimientos lentos y contacto físico reducido al mínimo. En el primer acto (amarillo-rojo), un cuadrado recortado en la plataforma lisa de madera (espacio que las mujeres no abandonan en ningún momento) es el camarote de Isolda; dos franjas azuladas a ambos lados, el agua; sobre el panel del fondo, dos cuadrados luminosos sugieren el velamen. Cuadrados originados por intersección de líneas, como en los cuadros de Mondrian, juegan su papel en el controvertido y plástico segundo acto (distintas tonalidades de azul), en el que hileras de petos con sus espaldares, dejando entre ellos estrechos pasillos, configuran los árboles del jardín. En el tercero (gris) vemos una sala cuyo suelo está cubierto de polvo y escombros, con un sillón y una piedra como único mobiliario. Por toda utilería, las espadas de Tristán y Marke (como siempre aparece solo, sin su séquito, y él mismo despacha a Kurwenal), la lanza de Kurwenal, el cofre de Brangäne y la copa, todos de plástico. ¡Ah! y las gafas negras del pastor, que es ciego ¾un detalle genial¾ y no toca el caramillo. El vestuario es simple, funcional, intemporal: túnicas, sobretodos, abrigos negros o grises (esto me suena…); y asexuado, a excepción del vestido con tirantes de Isolda o el dorado que descubre poco antes de la muerte de amor. El único detalle chocante lo constituyen los aros de plástico que rodean los hombros de los personajes en los dos primeros actos. ¿Incomunicación? ¿Barrera protectora del Yo? ¿Individualidad de cada ser? Hay quien se refiere jocosamente a este Tristán como “el del hula-hop”. Si se hubieran suprimido, nada esencial habría cambiado, aunque también es cierto que uno se acostumbra en seguida y dan su juego: sólo cuando Tristán e Isolda se despojan de ellos tras beber el filtro pueden tocarse. A excepción de lo que sucede a menudo, incluso tratándose de nombres conocidos, la régie existe, es coherente y no atenta contra la música. Hay detalles fascinantes, como el bamboleo lento, ensimismado, de Isolda al ritmo del mar (o de la canción del joven marinero); la agobiante separación espacial entre hombres y mujeres en el primer acto, que transgrede finalmente Tristán; la coreografía durante el dúo de amor o el estático monólogo de Marke; las composiciones-espejo: al final del segundo acto, Isolda entrega la espada a Tristán para su enfrentamiento con Melot, apoyando la punta sobre su pecho, situación simétrica a la que se da en la quinta escena del primer acto. Y detalles conmovedores por su sencillez, como la muerte de Tristán. La deliberada frialdad de escena y vestuario contrasta fuertemente con el calor, la pasión que transmiten música y texto, y el contraste funciona admirablemente. Un clásico.
Saludos. Radio-Gremar